Reflexiones en torno a la propiedad intelectual (2das)

Múltiples, poliédricos y complejos son los motivos por los que la propiedad intelectual, tal y como la conocíamos hasta ahora, no consigue el respeto ni la valoración que necesita en nuestra sociedad de principios del siglo XXI. Hablo del respeto a la propiedad intelectual y me estoy refiriendo al respeto al trabajo (artesanal) de los autores y creadores que configuran el sistema cultural.

La transformación del concepto de original en el arte tal y como se entendía hasta ahora es uno de ellos. En la época moderna del arte la originalidad siempre fue el requisito esencial para que lo creado por un ser humano mereciera la consideración de obra artística. En este principio se basa el reconocimiento jurídico internacional de la propiedad intelectual. Pero el sampleado ha irrumpido fuertemente en el siglo XXI; los multisonidos, las multiimágenes que llegan a mi ordenador, a mi teléfono móvil, a mi ipad, ¿acaso no están ya cambiando la naturaleza y el ser de las obras de arte como las conocíamos hasta ahora? Si no, que se lo digan a Agustín Fernández Mallo y a María Kodama. En este punto la sociología del arte y los apocalípticos que proclaman el fin del arte tienen mucho que decir. Al menos del arte como lo conocíamos hasta ahora.

Pero, como decía, los motivos son múltiples, poliédricos y complejos. Yo aquí sólo estoy nombrando los que me incitan a la reflexión hoy.

Otro motivo es considerar internet como una extensión más del espacio público en el que vivimos. O confundir el acceso a la información, un derecho fuertemente -y lógicamente- defendido por todo tipo de instancias jurídicas y sociales, con el acceso a los contenidos culturales. Hasta hace no mucho recordaréis que si queríamos acceder a contenidos culturales teníamos que pagar por ellos, por un libro, por un disco, o sacarnos el carnet de la biblioteca pública. Ahora bien, si el artículo 35.2 LPI permite la reproducción, distribución y comunicación pública de las obras situadas en vías públicas, ¿acaso no puede resultar a priori lógico que el ususario de internet, al tener acceso aparentemente libre y gratuito al mismo, considere este un espacio público (virtual), como un parque, una plaza o una calle (vitual) y, por tanto, considere lícita la reproducción, distribución y comunicación pública gratuita de los contenidos culturales digitales?

Pero internet, como el espacio físico en el que vivimos, es un nuevo espacio (virtual) que también tiene cines, librerías, tiendas de música y galerías de arte. Si en el mundo físico pagamos por ello, ¿por qué no pagamos también en el espacio virtual? Por ello iniciativas como las de Paco León y el modo de distribución (aunque este tenga que ajustarse en el mercado) de su ópera prima Carmina o revienta son bienvenidos. Son bienvenidos porque ayudan a dar a conocer y a hacer consciente a la opinión pública de que estos nuevos espacios privados en internet existen.

Nota: Arriba escribía artesanal entre paréntesis. Sé que algunos artistas pueden sentirse ofendidos con este calificativo. Entiédase sin embargo artesanal en este contexto como un calificativo invocado para dar a enteder la creación como un acto susceptible de ser remunerado.

Reflexiones en torno a la propiedad intelectual (1as)

Como bien afirma el Tratado de la OMPI, la propiedad intelectual constituye un elemento esencial en el proceso de desarrollo de un país. De este modo -continúa el Tratado- la experiencia ha demostrado que el enriquecimiento del patrimonio cultural de una nación depende directamente del nivel de protección a las obras literarias y artísticas, así como que cuanto mayor es el número de creaciones intelectuales de un país, mayor es el número de intérpretes, productores de fonogramas, etc. Razonable.

Así pues, uno de los principios fundamentales y fundacionales de las leyes de propiedad intelectual internacionales es proteger eficazmente los derechos morales y patrimoniales de los autores y, por ende, la creación cultural y las industrias culturales.

Sin embargo, el excesivo celo de los legisladores de la ley de propiedad intelectual en lo que a los derechos patrimoniales del autor se refiere, al menos la española, los malentendidos que se crean en torno a una Ley farragosa de difícil entendimiento para la sociedad y muy mal noticiada por los medios de comunicación y los excesos que las sociedades de gestión colectiva están cometiendo en sus funciones principales están revertiendo muy perjudicialmente sobre esa protección a la propiedad intelectual que fundamentaba la ley: la protección a la creación y a los creadores.

Porque ¿acaso no es un exceso excluir al alumnado en los límites a la enseñanza del artículo 32.2 de la LPI? ¿Acaso no es injusto, ante la incapacidad de encontrar una mejor y necesaria solución, que el canon se pague con los presupuestos generales del Estado? ¿Acaso un artículo como el 38 de la LPI, el cual exime a la administración y a las confesiones religiosas de obtener autorización de los titulares de derechos de obras musicales en actos oficiales y religiosos y cuyos antecedentes se sitúan directamente en un reglamento del año 1880 no ha quedado ya obsoleto en el siglo XXI? ¿Acaso las sociedades de gestión colectiva no deberían contemplar entre sus funciones no solamente las de proteger los derechos patrimoniales de los autores, sino también sus derechos morales y, sobre todo, proteger la imagen depauperada que la propiedad intelectual está adquiriendo en la sociedad?

Si bien es cierto que la piratería y la copia privada están modificando muy notablemente el sistema de propiedad intelectual que hasta ahora conocíamos, todos sabemos que esto no es más que un síntoma de un cambio de paradigma en el que la revolución digital, y  la dificultad de las industrias culturales –y podríamos decir también de la legislación– a adaptarse a este cambio juegan un papel primordial. Si a este cambio de paradigma le sumamos las malas prácticas en la gestión de la propiedad intelectual, no me resulta difícil pensar que dentro de unos años la función por la que nació la propiedad intelectual pierda utilidad. ¿Cómo solucionarlo?