Competencias irrazonables

Sección de Cultura de El País: “Wert dice que el cine español alcanzará la cuota de mercado más alta de su historia”. Este es el titular de la noticia del acto de entrega del Premio Nacional de Cinematografía a Lola Salvador en el Festival de San Sebastián. La primera mujer. La segunda guionista después de Rafael Azcona.

Más allá de que lamentemos que el tema del titular no sea Lola Salvador, nos preguntamos: ¿puede alguien que hace un año durante los debates en torno al acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos y UE hablaba de “competencia razonable” para el sector audiovisual ser el portavoz de esta noticia? ¿Puede serlo alguien que, cuando el sector audiovisual albergaba la esperanza de que el cambio de modelo de financiación del cine llegaría (pronto), afirmaba que “nos tenemos que acostumbrar a las películas rodadas en inglés“*, ya sabéis, las coproducciones internacionales como vía para conseguir la financiación que ya no se encuentra en nuestro país, pero cuyo gobierno de la cultura española está causando tal inseguridad jurídica en el sector que muchas productoras internacionales prefieren no coproducir con España? *Eso de que nos tengamos que acostumbrar a rodar en inglés dicho por alguien que es el ministro de cultura merecería un comentario aparte.

En mi opinión tampoco estaría autorizado a hacerlo el representante de cultura de un gobierno que mantiene el IVA cultural al 21%. De este dislate de la política cultural española ya he hablado aquí.

No, José Ignacio Wert no está autorizado a contarnos que el cine español alcanzará la cuota de mercado más alta de su historia este año. Quienes están autorizados son aquellos que llevan años luchando por la excepción cultural en el audiovisual; o quienes han defendido la inversión de las televisiones en el cine (recordemos que las películas más taquilleras de las que habla la noticia de El País están producidas, y muy publicitadas, por las televisiones), por hacer solo una enumeración incompleta. Las enumeraciones son siempre incompletas.

A quien también pertenece esta noticia es al sector: a las productoras que están invirtiendo hipotecando sus casas, o a los actores y técnicos que están capitalizando sus sueldos para sacar adelante una película, es decir, trabajando gratis, o a todos los actores y técnicos que ya no trabajan, a pesar de que este año la cuota de mercado del cine español sea la más alta de su historia.

Y así terminamos de hablar de un sector polarizado entre la “industria”, representado en el cine financiado por televisiones, y la “no industria”, representado en el cine de presupuestos pírricos, en unos casos, o inexistentes, en muchos. Pero esto es otra cuestión. O la misma. Depende de cómo se mire.

Significados de “cultura” en el DRAE

La semana pasada la Real Academia Española cerraba la 23.ª edición del Diccionario de la Real Academia – DRAE. La nueva edición del DRAE se publicará en octubre de este año con motivo de la conmemoración del III Centenario de la Real Academia Española y tendrá, entre otras novedades, un total de 93.000 voces (5.000 más que en la edición anterior de 2001), 100.000 enmiendas y 200.000 acepciones.

Leyendo esta noticia me preguntaba: entre esas 100.000 enmiendas, ¿habrán enmendado nuestros académicos la definición actual de la voz cultura recogida en su edición 22ª, la cual reza como sigue?

Cultura: cultura. (Del lat. cultūra). 1. f. cultivo. 2. f. Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico. 3. f. Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc. 4. f. ant. Culto religioso. ~ física. 1. f. Conjunto de conocimientos sobre gimnasia y deportes, y práctica de ellos, encaminados al pleno desarrollo de las facultades corporales. ~ popular. 1. f. Conjunto de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo.

índiceYa comentaba yo la desactualización del siginificado de cultura en el diccionario de la RAE en una parte de mi trabajo Consideraciones en torno a la introducción del “test cultural” en la normativa española de regulación del cine, el cual acaban de publicar en la revista digital Cuadernos de Derecho de la Cultura de la Universidad Carlos III.

Si iba a dedicarme a analizar el texto jurídico por el que se introducía el “test cultural” en la normativa española de regulación del cine (Resolución del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales ICAA de 2 de julio de 2010) desde una perspectiva interdisciplinar (humanística y jurídica, principalmente), resultaba parada obligada detenerme en el análisis semántico del concepto de cultura. Sin embargo, para este análisis semántico no pude recurrir a los diccionarios -sobre todo recurrí a los antropólogos y a la pragmática lingüística- ya que la definición de cultura que encontramos en los diccionarios del español está lo suficientemente desactualizada como para introducir en ella la obsoleta acepción antropológica del «grado de desarrollo artístico, científico, industrial, de una época, grupo social, etc.», o como para no introducir la acepción relativa al campo de las artes.

Efectivamente llamó muy especialmente mi atención, sobre todo tras las enseñanzas de la ciencia antropológica, la permanencia en la definición de cultura de la DRAE de la visión evolucionista de la cultura (representada en E. B. Tylor), una visión obsoleta, reduccionista y propia del siglo XIX, y añadiría aquí, tendencialmente fascista, que en la antropología quedó superada con las aportaciones del antropólogo alemán Franz Boas en el siglo XX, cuya teoría postulaba que en lugar de que las sociedades tengan diferente grados de cultura, cada sociedad tiene su cultura propia. La antropología, cuyo objeto de estudio es la cultura en sentido amplio, ha seguido aportando sus reflexiones y debates en torno a la cultura, y seguirá haciéndolo; pero, no cabe duda, en esas aportaciones la cuestión del “grado” es una cuestión ya superada.

Ciertamente ya hay demasiada tensión inherente en el concepto de cultura, un concepto de elevada complejidad semántica, como para que en la definición de cultura de la DRAE se mantenga la cuestión del «grado de desarrollo» cultural. Del mismo modo, ya hay demasiada presencia en el uso de la lengua del campo artístico en el significado de cultura como para obviarlo en su acepción. Espero que en la 23ª edición de la DRAE hayan introducido estas enmiendan.

Comunicación cultural institucional (algunas reflexiones)

Me declaro fan de la comunicación institucional del British Film Institut, la organización británica dedicada a las artes cinematográficas y audiovisuales fundada el año 1933 que combina objetivos culturales, creativos e industriales con la gestión de el Archivo Nacional BFI, la exhibición en el BFI Southbank y BFI IMAX, la edición y la organización de festivales, entre otros. Además, se encarga de administrar los fondos de la lotería nacional británica (una de de las vías de financiación del cine en este país) dirigidos al fomento de la producción y distribución cinematográfica, la educación, el desarrollo de audiencias y la investigación de mercados.

Me declaro fan del hecho de que en su página web www.bfi.org.uk no salga la foto de ningún político en la portada (ni en el interior).

Me declaro fan de que las imágenes móviles que encuentro actualmente en su página web sean, entre otras, las de la revista de referencia de los amantes de cánones cinematográficos, Sight and Sound, una foto de Pier Paolo Passolini que te conduce a otra página que le rinde tributo, o al cartel de la vigesimoséptima edición del Festival de Cine Gay y Lésbico de Londres.

Me declaro fan de los prolijos informes de investigación acerca del sector cinematográfico que fácilmente puedo descargarme (a una velocidad inversamente proporcional al tiempo que necesitaré para leerlos).

Por ello no puedo más que sorprenderme cada vez que entro en la actual página web del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes del Gobierno español. Y me sorprendo porque doy por hecho que en este Ministerio deben de tener asesores de comunicación. Y me sorprendo porque no es la cara del Ministro y acólitos la que quiero ver en la página web del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes del Gobierno español: es la cara (la imagen) de los proyectos culturales que el Ministerio está desarrollando o ayudando a desarrollar, la de los proyectos cuya ejecución tiene econmedada para favorecer el acceso a la cultura y fomentar y proteger la producción y creación cultural.

Yo lo que quiero ver pues en la página web del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes es la programación de los teatros dependientes del INAEM, la programación del Auditorio Nacional, la información de las exposiciones que organiza la Dirección General de Bienes Culturales y del Libro, o el nuevo proyecto que el ICAA acaba de lanzar de alfabetización cinematográfica, por nombrar sólo algunas de las cosas que quiero ver en esta página web.

Surge entonces al hilo de esta comparación una reflexión ineludible acerca de si no es el alto personalismo que hay en la política cultural (y en la gestión cultural) en nuestro país uno de los grandes déficits de nuestro sistema cultural y una de las razones por las que algunos proyectos culturales promovidos por el ente público son tan volátiles, ajenos al largo plazo. Ajenos, sobre todo, a las investigaciones sociológicas y culturales que los proyectos de interés público precisan y demandan. Por ejemplo, ¿qué sentido tiene que en la Región de Murcia durante los años de bonanza económica se apostara principalmente por el fomento del arte contemporáneo (véase Manifesta 8 y proyecto PAC, entre otros), cuando indicadores que deberían haber sido atendidos por aquellos que diseñaban las políticas culturales nos dicen que los índices de formación en la Región de Murcia son ligeramente inferiores a la media española, o que esta región cuenta con una de las mayores proporciones de población sin estudios y una de las menores con estudios superiores? ¿Se investigó acerca de las carencias o las necesidades de la sociedad murciana antes de diseñar estos proyectos? Lo desconozco.

Casos como este no sólo lo encontramos en la Región de Murcia. Cada uno de nosotros encontramos ejemplos como estos en nuestras ciudades, o en nuestras comunidades autónomas. Pero todo esto nos lleva a pensar: ¿cuánta investigación hay detrás de los planes de política cultural en nuestro país? Lo desconozco. Habría que investigar sobre ello.