¡Me Duele Murcia! (2)

La ciudad de Murcia creó a principios de año un nuevo logo y eslogan: “Mu&cia. Una ciudad para compartir”.

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Para ser precisos, este nuevo logo fue creado por la la extinta Concejalía de Turismo, inserta en la nueva corporación municipal en la Concejalía de Empleo, Turismo y Cultura en junio de 2015. El análisis de esta tríada, y el discurso (político) que se puede deducir de esta innovadora combinación empleo-turismo-cultura, merece una entrada aparte en este blog.

Mi mirada es selectiva, la mirada es siempre selectiva, y hasta ahora he visto el logo en muy pocos lugares, entre otros, estampado en los tractores que empujaban las carrozas (23) de los sardineros en el Entierro de la Sardina de este año de la recuperación económica, en la página web corporativa de la que fue la Concejalía de Turismo, o impreso en las papeleras jalonadas a lo largo de la Gran Vía, la calle que trajo el pogreso a la ciudad a mediados de los años treinta del siglo pasado.

Sea como sea, cada vez que veo este logo en las papeleras de la Gran Vía, y las veo con frecuencia, pienso una vez más, y parafraseando de nuevo a Unamuno: ¡me duele Murcia!

No cabe duda de que desde el punto de vista lingüístico podríamos concluir que el significado en español del signo & (procedente de la conjunción latina “et”, que significa “y”) es incorrecto, toda vez que la conjunción y ya es suficientemente breve como para tener que recurrir al signo &. Es decir, “Mu et cia” no significa nada en español.

Entonces, ¿el signo & en “Mu&cia” está haciendo referencia a la abreviatura «and» inglesa? Estoy confundida y Murcia me duele.

Es cierto que a la publicidad se le permiten determinadas licencias lingüísticas y que por ello “&” podría entenderse como un guiño a los turistas extranjeros que vienen a Murcia a disfrutar de las bondades de los 45º de temperatura diurnos de este verano. Turistas extranjeros que han podido contemplar esta ciudad “de cálido clima” desde el fantasmagórico autobús turístico “Murcia Citybus” que recientemente ha empezado a circular por la ciudad. Pero toda licencia publicitaria tiene un límite.

La sencillez en publicidad es cara. La calidad también. Y aunque el logo de la extinta Concejalía de Turismo debió de ser contratado a un experto y reputado diseñador que creó un nuevo logo para la ciudad que connotaba “un lugar para compartir nuestra mesa (gastronomía), nuestra diversión (ocio-compras), nuestro arte (cultura), nuestra alegría (fiestas), nuestro ritmo (festivales), nuestra vanguardia (congresos)…” (así en www.turismodemurcia.es), este logo “Mu&cia” representa sin embargo para mí la imagen de una ciudad cada vez más orientada al consumo -véase el desarrollo urbanístico de los últimos años hacia el norte de la ciudad y sus centros comerciales-, con dificultades para reconocer su propia identidad cultural y protegerla de un modo coherente -véase la nueva organización administrativa de la corporación municipal y la creación de la Concejalía de Urbanismo, Medio ambiente y Huerta, o continúe usted leyendo lo que connota del logo Mu&cia en www.turismodemurcia.es-, con un invertebrado proyecto de ciudad y una gestión pública poco profesionalizada y demasiado personalizada. Ejemplos de esto último, que cada cual añada el que le ofrezca su propia experiencia.

Si entonces hubiera sido consejera…

No cabe duda: uno de los grandes logros del anterior consejero de Cultura y Turismo de la Comunidad Autónoma de Murcia, Pedro Alberto Cruz, insigne intelectual murciano y escritor de aforismos reconocido por la prensa local, fue elegir la fecha del SOS 4.8 el primer fin de semana de mayo, aprovechando el puente de mayo. Esto haría que, en muchas ocasiones, el festival de música, arte y cultura SOS 4.8 coincidiera con el 1 de mayo, Día del Trabajador, como ocurre este año, y atraería a mucha más gente al festival.

De este modo el SOS se ha convertido en un gran logro turístico para la ciudad de Murcia, el primer festival de la temporada cuyas entradas cuestan aproximadamente un 50% más baratas que el resto de festivales de su categoría -gran estrategia de marketing, no cabe duda-, contribuyendo indirectamente a la economía local pero, sobre todo, contribuyendo a limpiar la imagen nacional de Murcia. Ya era hora de que en España nos dejaran de asociar con el lema  “Murcia qué hermosa eres” -qué gran ejemplo este del poder de los medios de comunicación- y nos empezaran a asociar con la imagen de una ciudad sostenible, moderna y culta, que es lo que somos.

Por eso hoy, en la manifestación del Día del Trabajador, marchando por ese otro gran logro del progreso de la ciudad de Murcia que es la Gran Vía, he pensado: vaya, si yo hubiera sido consejera de cultura entonces, nunca habría tenido esa fantástica idea. Entonces, y como consejera de cultura y turismo, cuando me hubieran propuesto esa fecha, el primer fin de semana del mes de mayo, habría contestado sin reservas, a pesar de que nunca fui activista social: esa fecha es imposible porque podría coincidir con el 1 de mayo, el día del trabajador y ese día no se trabaja. Como he podido comprobar hoy paseando por Murcia, no tengo visión de futuro alguna.

Que el 1 de mayo sí se trabaja me lo dice el obrero que está reparando la terraza que hay junto a mi casa hoy. Me asomo a la ventana, está cantando a Pablo Alborán, qué buen humor, pienso, lo estoy observando por la galería y me ve. ¿Qué hacéis trabajando?, le digo, ¡si hoy es el día del trabajador! ¡Hoy hay que ir a manifestarse! Claro, me contesta, hoy es el día del trabajador que no quiere quedarse en paro. Pero esto es otra historia.

He decidido no ir al SOS este fin de semana porque me dispersaría con la fantasía de otra vida en la que soy una jurista experta en derecho europeo que puede defender con sólidos argumentos por qué en mi opinión la subvención que la Comunidad Autónoma le da al SOS anualmente (este año, de 300.000€), bueno, la subvención que la CAM le da a la empresa catalana Legal Music, es una ayuda de estado que falsea la competencia. ¡Con esas fantasías uno no puede pasárselo bien en un festival de música donde todo el mundo se divierte! Como no soy jurista y esto es una fantasía puedo incurrir en errores jurídicos. O fantaseando que yo también soy una insigne intelectual y entiendo, como nadie es capaz de entender, el gran simulacro que supone la actividad paralela del festival titulada “el lado oscuro de la fiesta” en un festival con unos claroscuros como este. Claro, que Baudrillard esto lo explicaría mucho mejor.

¡Me duele Murcia!

Versionando a Unamuno: ¡Me duele Murcia!

Me duele, entre tantas otras evidencias, y por ejemplo, el edificio de “Las Torres Gemelas” de las Atalayas, uno de los rascacielos más altos de la Región de Murcia cuya altura le gana incluso algunos metros al hito que hasta ahora dominaba el paisaje de la huerta murciana.

Me duele ver las “Torres Gemelas”, de cerca, cuando voy al mercado de los jueves y paseo por la avenida de la Fama en busca de refulgentes tomates murcianos. Me duele verlo de lejos, cuando entrando a Murcia volviendo de Madrid, de Cartagena, mi querida Cartagena, o de Alicante veo estas dos torres erigirse sobre este fértil valle que es Murcia, acompañando a algunos esqueletos de cemento diseminados aquí y acullá que parecen haber perdido su batalla de ascensión al cielo.

torresgemelasEn el libro seminal El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado (Paidós, 1991) el teórico americano Jameson se servía de la arquitectura y de los confusos interiores del hotel Bonaventura de Los Ángeles para describir aquello que llegó tras la modernidad, cuando la historia había llegado a su fin y ya resultaba imposible conocer el origen de nada.

Por eso no supone ningún logro intelectual que al contemplar este edificio, de cerca y de lejos, piense cómo este símbolo del arrebatado esplendor urbanístico de la ciudad de Murcia inaugurado en los estertores del milagro económico español representa de un modo extraordinario la lógica cultural, económica y social de la ciudad en la que vivo. Vaya, tampoco voy a ser muy dura con el hecho de que la modernidad arquitectónica llegue a Murcia 50 años después, no es la única cosa que llega tarde a mi ciudad, aunque las dos cúpulas blancas que coronan cada una de las torres me obnibulen. ¿Será posible que esas dos cúpulas quieran simular las cúpulas de las iglesias modernas, queriéndole otorgar a este centro de negocios un significado sagrado en la ciudad?

Me pregunto qué habría pasado si la torre de la catedral de Murcia, como la Giralda, tuviera el reconocimiento de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Me pregunto cómo habría reaccionado el ayuntamiento de mi ciudad si el Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco hubiera amenazado con incluir la ciudad de Murcia en su lista negra, como pretendía hacer con la ciudad de Sevilla cuando, ajena a las advertencias de la Unesco, decidió continuar con la construcción de la Torre Pelli en la Cartuja. Quizá solo tenga que recurrir a la Historia y recordar la destrucción de los Baños árabes de la Calle Madre de Dios a principios de los años cincuenta del siglo pasado (reconocidos ya entonces como Bien de Interés Cultural) para construir la Gran Vía en Murcia. Entonces las voces críticas con la destrucción de nuestro patrimonio no entendían el progreso. Ahora los expertos de la Unesco tampoco lo entenderían.