Cinematografías nacionales: otra vuelta de tuerca

Son muchas las cuestiones alrededor del cine-sistema que avivan mis reflexiones. Así se excitaban recientemente mis reflexiones al conocer el debate que ha surgido en Reino Unido en torno a la entrega de los premios BAFTA a la mejor película británica a una película dirigida por un mexicano, Alfonso Cuarón, que trata sobre un astronauta americano protagonizada por dos grandes estrellas americanas, Sandra Bullock y George Clooney, aunque de producción británica y equipo británico: Gravity. *Alfonso Cuarón se ha alzado también con el premio BAFTA al mejor director en la presente edición de los premios de la cinematografía británicos.

Aunque la cuestión de la nacionalidad cinematográfica no sea un asunto novedoso en el debate (jurídico, político-cinematográfico, académico o, incluso, estético), la llegada de la crisis económica ha dado una vuelta de tuerca a esta cuestión. Así, en el caso español, sabemos que la búsqueda de financiación está obligando a muchos productores a poner su punto de mira en coproducciones internacionales y en fuentes de financiación extranjera. Aquí encontramos, entre otras, una de las razones por las que, según fuentes de la Academia de Cine, este año se han doblado las películas que quieren rodarse sólo en inglés (13 este año frente a las 6 previstas en 2013).

Así pues, y atendiendo al aumento de películas españolas que este año se rodarán en inglés nos preguntamos: ¿cómo interpretar pues la exigencia de la Ley del Cine española por la que, para que una película obtenga la nacionalidad española (requisito previo para optar a ayudas de estado), las obras cinematográficas y audiovisuales, entre otros requisitos, deban realizarse preferentemente en su versión original en cualquiera de las lenguas oficiales del Estado español” (art. 5.1 d)), es decir, español, catalán, gallego y euskera? Ídem con el cumplimiento del primer requisito del “certificado cultural” para las películas que optan a las ayudas para la amortización españolas: que las obras audiovisuales o cinematográficas “tengan como versión original cualquiera de las lenguas oficiales en España”.

¿Y cómo interpretará la Comisión Europea esta flexibilidad obligada por motivos crematísticos de la interpretación de este preferentemente del artículo 5 de la Ley del Cine?

Sea como sea no cabe duda: ante las arcas del Estado vacías para el fomento de la cinematografía plurinacional (“plurinacional mejor que nacional para el caso español; los franceses pueden seguir hablando de cinematografía nacional), la cuestión económica vence al fomento y preservación de la diversidad lingüística y cultural. Porque, ¿acaso no es la lengua de la versión original de una película uno de ítems que mejor nos ayudan a medir la diversidad cultural?

Y es entonces cuando las ayudas públicas a la cinematografía cobran sentido: ayudas públicas con el fin de preservar nuestra diversidad cultural. Seguiremos hablando de todo esto en el futuro.

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