El apoyo al espíritu emprendedor (críticas y buenas prácticas)

Leo en el preámbulo de la Ley 14/2013, de 27 de septiembre, de apoyo a los emprendedores y su internacionalización:

“(…) uno de los graves problemas de la economía y sociedad española es la alta tasa de desempleo juvenil, que para el caso de los menores de 25 años duplica la media de la UE-27.
Las causas de ello hay que buscarlas, además de en algunas deficiencias que han venido caracterizando a nuestro modelo de relaciones laborales, en la ausencia de una mayor iniciativa emprendedora entre los más jóvenes que haya llevado, ante la falta de oportunidades de trabajo por cuenta ajena, a unos mayores niveles de autoempleo capaces, a su vez, de generar más empleo.
Para invertir esta situación, es necesario un cambio de mentalidad en el que la sociedad valore más la actividad emprendedora y la asunción de riesgos. La piedra angular para que este cambio tenga lugar es, sin duda, el sistema educativo.”

No voy a hablar aquí de la instrumentalización de la Educación que hace esta ley (precisando, de la instrumentalización de la Educación que hace el discurso más neoliberal del fomento del espíritu emprendedor), ni del uso huero que en el argumentario de defensa del emprendimiento se hace de la palabra “creatividad”, obviando que la creatividad, cuya principal característica es el pensamiento divergente, se desarrolla con, entre otras disciplinas, la lectura, las artes plásticas o la música, disciplinas todas estas que todavía se enseñan en la escuela y en cuyo currículo resulta altamente difícil introducir el fomento de la “ética empresarial” (sic. ley citada).

Hilando con estas reflexiones, leo en el artículo “Reinventar el empleo” del periódico El País que el presidente de Garrigues Abogados reivindica una vuelta “a la cultura del esfuerzo” y pide a la juventud española que potencie sus habilidades en “idiomas, tecnología y comprensión de conocimientos”.

Lo cierto es que hasta ahora nunca pensé que una de las funciones sociales de la juventud fuera salvar a un país de la crisis económica. *En este contexto histórico que vivimos, la institución social que mejor está desempeñando sus funciones, en términos de A. Compte, está siendo la familia.

Llámenme romántica, pero yo pensaba que ser joven significa(ba) aprender a vivir. Es por ello que si con veinte años me fui a estudiar a Alemania, experiencia esta que me aportó “habilidades en idiomas” y “comprensión de conocimientos”, no lo hice imbuida por el espíritu emprendedor (en realidad hace diez años nadie hablaba del espíritu emprendedor), sino porque quería aprender a vivir. Saber quién soy y aprender a vivir.

foto lanau Sea como sea, lo cierto es que hasta ahora no está siendo el Estado el que me está apoyando como emprendedora con leyes como la Ley 14/2013, de 27 de septiembre, de apoyo a los emprendedores y su internacionalización, entre otras tantas medidas que la administración está lanzando para promover el espíritu emprendedor. En mi caso, como profesional independiente-freelance, están siendo los propios emprendedores, que bien conocen las dificultades que entrañan sacar adelante proyectos empresariales, los que más efectivamente me están apoyando: hablo de Lanau, espacio creativo.

Lanau espacio creativo es un espacio multidisciplinar de Madrid de reciente creación cuyo modelo de negocio combina el co-working de empresas y proyectos relacionados con la cultura con un espacio propio de artes escénicas (Espacio Mínimo) y la oferta de cursos relacionados con las artes escénicas y el audiovisual. Entre otros proyectos, los creadores de Lanau han lanzado un proyecto llamado “co-trueque” en el que ofrecen gratuitamente un espacio de trabajo a emprendedores de la cultura con limitados recursos a cambio de servicios profesionales. Es decir, Lanau son emprendedores que fomentan y apoyan el emprendimiento desde el ámbito privado inspirados en principios como la cooperación y el trabajo en red. Principios estos, por cierto, que, junto con el aprendizaje que se adquiere a través del conocimiento de las manifestaciones artísticas, están en la misma base del pensamiento divergente, tan necesario para el éxito del emprendimiento.

Yo soy co-trueque de Lanau desde hace dos meses. Desde que trabajo en este espacio la incertidumbre del futuro y la dificultades de mi profesión (por el contexto y por su propia naturaleza) se están aminorando. Iniciativas como estas, no cabe duda, son merecedoras de ser reconocidas y dadas a conocer.

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