Oda al traductor literario

“Los escritores hacen la literatura nacional, y los traductores la literatura mundial”, José Saramago

Acabo de terminar de leer la traducción, excelente, de Víctor Gallego Ballestero de Ana Karenina (Alba Editorial) y no puedo hacer otra cosa en este momento, además de seguir emocionándome con la profunda humanidad de esta novela, que escribir unas palabras en homenaje al oficio y arte de la traducción literaria.

Lo cierto es que no empecé a leer Ana Karenina en la edición de la editorial Alba, sino en la edición de Austral, cuya única referencia al traductor que encontré fue «© de la traducción, Editorial Iberia». Imagino que la traducción será una obra colectiva, pensé.

ana kareninia austral

Buscar el nombre del traductor es algo que suelo hacer siempre que me adentro en la Literatura Universal que no esté escrita en español y que me han enseñado a hacer a lo largo de mis años de lectora las traducciones de Cortázar (Memorias de Adriano, grandiosa), de Ángel Crespo (El libro del desasosiego), las de Sergi Pàmies (traduciendo las novelas de Amelie Nothomb) o las siempre fieles traducciones de autores como el nunca malogrado Thomas Bernhard o el siempre intrincado William Faulkner de Miguel Sáez, por nombrar sólo a algunos de mis maestros.

Y porque he tenido a estos ilustres maestros que me han introducido en la Literatura Universal, cuando llevaba menos de cien páginas de la traducción de Ana Karenina publicada por Austral -autor desconocido-, interrumpí mi lectura. Y sí, digo autor, porque las traducciones son objeto de propiedad intelectual (sin perjuicio sobre la obra original) y así protege la Ley de Propiedad Intelectual a estas obras derivadas (art. 11).

Pocos días después de interrumpir mi lectura de la obra de Tolstói, unas cándidas manos me trajeron a casa la edición de Alba. Ha sido pues la traducción de Víctor Gallego Ballestero la que me ha guidado por esta novela-cumbre que, como el mismo traductor comenta en el prólogo -y no puedo estar más de acuerdo-, «no es la historia de un adulterio (…), sino una fábula sobre la búsqueda de la felicidad».

albakareninaInteresante para adentrarse en las vicisitudes del oficio y arte de traducir, además del documental suizo-alemán La mujer de los cinco elefantes, el cual nos traslada magníficamente a la cotidianeidad de la traductora al alemán de la obra de Dostoievski Swetlana Geier, es el artículo publicado por Javier Rodríguez Marcos en 2006 en El País con motivo de las jornadas anuales en torno a la traducción literaria que ACEtt, la asociación que defiende los derechos de los traductores de libros, organizaba (creo que hasta 2010), en la Casa del Traductor.

Efectivamente, si muchos de los oficios del arte presentan una alta precariedad, la precariedad del traductor es no sólo una de la más elevada del sistema cultural, sino también uno de los oficios culturales que poseen una mayor falta de reconocimiento social.

Acerca de su precariedad económica, y más allá de que son muy pocos los traductores que pueden dedicarse exclusivamente a la traducción de obra literaria (el 6,8% en 2008), en 2008 la media de ingresos brutos anuales de un traductor editorial en España fueron de 10.854€ (en 2001 de 9.215,70€), cantidad que varía dependiendo del sexo, el régimen laboral, la antigüedad o la edad. En este sentido cabe destacar cómo, en el caso de la traducción, las mujeres cobran más que los hombres[1].

Acerca de su reconocimiento social, si el campo literario está organizado económicamente de tal modo que resulta altamente complicado mejorar el estatus económico del traductor -en 12 años no podemos decir que haya mejorado mucho-, ¿por qué no intentar mejorar su presencia y estatus en la sociedad?

Por ello, y teniendo en cuenta la importancia del oficio y arte de la traducción literaria, ¿por qué no poner el nombre de los traductores en las portadas de los libros? Algunas editoriales como Alfaguara o El Acantilado ya lo hacen. ¿Y por qué no pedirle a nuestros críticos literarios que atiendan en sus reseñas literarias con más abundancia a la calidad de la traducción? ¿Y por qué no, en este exceso de premios literarios que existe en nuestro país, y teniendo en cuenta el elevado capital simbólico que los premios literarios suponen para un escritor en nuestro país -no ocurre igual, por ejemplo, en países como Alemania-, otorgar más premios a la traducción? Al menos entiendo que los escasos premios a la traducción que conozco (el Premio Nacional a la Mejor Traducción que otorga el Ministerio de Cultura, el Premio Ángel Crespo que convocan Cedro, ACEC y el Gremi d’Editors, el Premio Esther Benítez otorgado por ACEtt o los distintos premios que las comunidades con lengua oficial otorgan como política de fomento lingüístico son algunos ejemplos) persiguen esta finalidad, a saber, dar visibilidad a este arte y oficio que hace posible la Literatura Universal.

Otro modo de mejorar el estatus y presencia del traductor en nuestra sociedad, como ya he dicho aquí, es siempre la educación. Al menos a mí no me cabe ninguna duda de ello: La educación también está al principio.

[1] Estos datos pueden consultarse en el informe “La traducción editorial en España”, elaborado por el Servicio de Estudios y Documentación de la S.G. de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas. Noviembre de 2010:  http://www.mcu.es/libro/docs/MC/CD/TRADUCCION_2010.pdf

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