El fomento al espíritu emprendedor y la cultura (1ª parte)

Si los economistas tienen razón y en un país con una alta presencia de empresas emprendedoras (con proyectos innovadores) se genera riqueza económica y empleo, todas las medidas fiscales, administrativas y de formación continua al profesional que fomenten el espíritu emprendedor, en un país que a principios del año 2013 presenta una tasa de desempleo del 26 % (55 % entre la gente joven), son, no cabe duda, más que bienvenidas.

No incluyo en la enumeración “fiscales, administrativas y de formación” el adjetivo educativo, ya que estoy radicalmente en contra de introducir el fomento al espíritu emprendedor en las escuelas, como así defiende el Anteproyecto de la ley orgánica para la mejora de la calidad educativa, en el cual podemos leer que uno de los principales objetivos de la Ley es «estimular el espíritu emprendedor de los estudiantes», y para lo cual el estudiante de secundaria podrá escoger entre la asignatura Cultura Clásica o Iniciación a la Actividad Emprendedora y Empresarial, entre otras. En este sentido, suscribo lo que Eduard Punset opina al respecto. Y continúo.

¿Y en el caso de la cultura? ¿Son las actividades culturales susceptibles de crear proyectos emprendedores?

Centrándonos en las características del espíritu emprendedor en la cultura[1], la principal dificultad  que encuentran los emprendedores culturales es tanto su elevada dependencia de la administración pública, como la dificultad de encontrar nuevas oportunidades y modelos de negocio. En este sentido no cabe duda de que el conocido como “el mal de los costes de la cultura” podemos vincularlo directamente a esta gran dificultad que las actividades culturales presentan de crear nuevas oportunidades y modelos de negocio.

En esta línea de pensamiento, si aproximadamente el 45 % de los proyectos emprendedores fracasan por la falta de ingresos, ¿cómo puede la cultura generar ingresos para hacer que un proyecto cultural sea sostenible, rentable y genere riqueza en el país? Y es más, ¿hasta qué punto la estructura artesanal de las medianas y pequeñas empresas culturales (que son la mayoría) contribuyen realmente a esta capacidad que reconocen los economistas en el emprendimiento (el emprendimiento, qué palabra) de generar riqueza?

Del mismo modo, la naturaleza intangible de la mayoría de las actividades culturales hace que, tanto en el caso de iniciativas públicas como en el caso de los proyectos de las industrias culturales susceptibles de encontrar financiación privada, sea muy difícil calcular el retorno de la inversión de las mismas y encontrar argumentos que avalen el proyecto. Igual de complicado resulta calcular los efectos indirectos, tanto económicos como sociales. Y todo ello a pesar de que el capital simbólico de las actividades culturales es, en muchas ocasiones, el que permite, por ejemplo, que un artista siga trabajando, obtenga el reconocimiento de la profesión y de la crítica, reciba premios, lo inviten a más jornadas, entre en las programaciones, su obra alcance una mejor cotización, etc.

A esto último podemos añadir cómo, cuando la cultura deja de ser un bien de primera necesidad, resulta cada vez más difícil encontrar al consumidor o al comprador que financie los productos culturales. Y no sólo porque el consumo cultural esté directamente vinculado al poder adquisitivo de un país, sino por otros factores que, desde mi punto de vista mucho tienen que ver con la educación, porque: ¿acaso pueden compensar los bajos índices de lectura el exceso de producción editorial en España?

El contexto actual, y a pesar de la profunda crisis económica, y estructural, que estamos viviendo, ofrece sin embargo a las industrias culturales algunas oportunidades. De ellas hablaré en mi próximo post.


[1] No hablaremos aquí de las desventuras de los proyectos llevados a cabo por organizaciones sin ánimo de lucro que organizan actividades culturales del interés general, si bien hoy por hoy la escasa confianza en el apoyo filantrópico o el escaso espíritu filantrópico en el mundo empresarial es una de las principales amenazas que puede reconocer el sector. En este sentido entendemos que debería hacerse el mismo esfuerzo en fomentar el espíritu emprendedor como en fomentar el espíritu filantrópico, con el fin de que el cambio de modelo de financiación de la cultura previsto consiga sus objetivos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s