Intérpretes clásicos que se autoeditan

El año 2011 leía en un artículo escrito por Benjamín G. Rosado en El Cultural titulado “El nuevo orden discográfico”: « el futuro de la música clásica ya pasa por la autoedición y la distribución a través de internet».

Unos pocos días después la pianista catalana Eulàlia Solé grababa en Barcelona con los ingenieros de sonido de las hermanas Labèque y en una sola tarde -como en una sola tarde grabó las Variaciones Goldberg– una selección de preludios y fugas de El clave bien temperado de J. S. Bach en las tonalidades B (Si bemol), A (La), C (Do) y H (Si natural). El disco finalmente ha salido al mercado el pasado 17 de diciembre con el título de En el nombre de Bach.

No cabe duda de que un nuevo CD es una buena herramienta de promoción y de comunicación para un intérprete. Por ello cuando el año 2008 la pianista Eulàlia Solé recibió los derechos de explotación de la grabación que dos años antes la Generalitat de Catalunya hizo de las Variaciones Goldberg, comenzamos el intrincado camino de buscar una discográfica que estuviera interesada en lanzar al mercado esta grabación. Las Variaciones Goldberg  salieron finalmente al mercado en enero de 2011 con la discográfica española Verso. Pero desde que comenzamos las negociaciones con la discográfica a principios del año 2010 hasta ahora el escenario se ha transformado, y mucho.

El año 2008 la industria de la música grabada ya estaba manifestando su hundimiento (según el Anuario SGAE 2012[1] las ventas globales de música grabada han descendido entre el año 2000 y el 2011 un 41,6  %) y ya había perdido la capacidad, salvo contadas excepciones y en lo que a la industria discográfica independiente se refiere, de invertir el capital necesario para la explotación de las obras musicales; de ahí que, en muchas ocasiones, si no se encontraba financiación externa (pública o privada), fuera el intérprete el que realice la inversión si quiere tener un CD en el mercado. Imagino que esta fórmula sigue funcionando para algunos.

Hace cuatro años ni me planteaba la posibilidad de la autoedición. La autoedición era sólo posible para músicos electrónicos que registraban su obra bajo licencia creative commons, pensaba entonces.  Me equivocaba. O no, no es que me equivocara, sino que la grieta que se estaba abriendo en el sector de la música grabada entonces no era tan profunda como para permitir el acceso a la distribución a los artistas autoeditados, toda vez que me preguntaba: ¿para qué autoeditarse si no vamos a tener acceso a la distribución, si el público no va a tener acceso a lo que Eulàlia Solé grabe, si los medios especializados no van a sacar una reseña de un disco que no esté comercializado, si los pogramadores más inveterados podrían reaccionar negativamente ante nuestra imposibilidad de no haber encontrar distribución para nuestro proyecto? Porque el año 2008 el acceso a la distribución oficial (física y digital) era imposible. Al menos lo fue entonces para nosotras, a pesar de que para el proyecto de lanzar al mercado Variaciones Goldberg no descartáramos tener sólo una distribución digital y dejar la venta de CDs físicos para sus conciertos.

Así, la idea del proyecto de la Sgae La Central Digital, proyecto que facilitaba a artistas autoeditados con obras grabadas de calidad el acceso a las plataformas digitales de música, era sin duda una efectiva y natural acción de fomento y promoción artística. La impúdica gestión económica de la Sgae ha hecho que este proyecto desapareciera el verano pasado, a pesar de que, en mi opinión, La Central Digital fuera uno de los proyectos con mayor sentido de la Sgae de entre todas las acciones de promoción artística que llevan acabo, acciones, por otra parte, exigidas en la Ley de Propiedad Intelectual[2].

Afortunadamente recientemente han aparecido empresas que están invirtiendo en nuevas tecnologías que facilitan el acceso a la distribución digital de pequeños sellos discográficos o artistas independientes que se autoproducen como la empresa española La Cúpula, y otras empresas, como pequeñas distribuidoras o empresas de duplicación interesadas en ampliar sus modelos de negocio, están consiguiendo firmar o están interesadas en firmar contratos con las grandes plataformas que distribuyen a itunes, spotify o quboz como IODA, la empresa americana gestionada en España por Discmedi. El sector se está transformando, como venimos diciendo; así el año pasado IODA se fusionó con The Orchard, la compañía pionera de distribución de música que distribuye los catálogos de un gran número de discográficas, a la que, antes de su fusión con IODA, sólo podías acceder si eras discográfica.

Que un artista autoeditado tenga acceso a la distribución digital aporta además grandes beneficios comunicativos y económicos al artista o intérprete. Económicos porque en el caso de Eulàlia Solé, la intérprete tendrá el control directo sobre la remuneración que le corresponde por la puesta en disposición (streaming) del disco En el nombre de Bach en spotify o qubuz, o de las ventas directas del CD en i tunes o amazon. Y comunicativos, porque tendremos acceso a conocer mejor al consumidor interesado en El nombre de Bach al recibir reportes directos de IODA (ahora The Ochard) acerca del comprador como el país donde se hace la compra o donde más se ha escuchado en streaming. Todo ello sumado, por supuesto, a la libertad creativa que el intérprete autoeditado con una cierta infraestructura de gestión, adquiere produciéndose sus propios CDs.

Si, además, realizamos una buena negociación que nos permite el acceso a la distribución física a pesar de no ser discográfica (¡a cuántas puertas hemos llamado!), tenemos algo que jamás nos habríamos imaginado el año 2008: que los ejemplares físicos del nuevo disco de Eulàlia Solé puedan adquirirse en El Corte Inglés, en la Fnac y en otras tiendas de música especializadas, además de en plataformas digitales, claro.

Si es cierto que, a pesar de todo, las ventas mundiales de Cds de música clásica están creciendo (las ventas mundiales de discos físicos de música clásica aumentaron un 13% en el primer semestre de 2011 con respecto al mismo periodo del año anterior), como nos cuenta Bejamín G. Rosado en el artículo que arriba mencionaba, ¿por qué no pueden disfrutar de este beneficio los intérpretes autoeditados? Pero, más importante si cabe, ¿por qué no han de tener acceso los consumidores de música grabada a este tipo de proyectos que enriquecen nuestra diversidad cultural y evitan la homogenización artística a la que cada vez más tienden los grandes conglomerados de la industria musical?


[2] Como señala el artículo 155 de la Ley de Propiedad Intelectual, las entidades de gestión, directamente o por medio de otras entidades, fomentarán la promoción de actividades o servicios de carácter asistencial en beneficio de sus socios, así como la realización de actividades de formación y promoción de autores y artistas intérpretes o ejecutantes (la cursiva es mía).

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