Sobre el valor añadido de la cultura

Como bien sabemos, el conflicto entre comercio y cultura viene desde hace años avivando encendidos debates ideológicos en distintas esferas sociales: en la opinión pública, en la esfera política, entre intelectuales y académicos, en la diplomacia internacional, etc.

El tema es complejo de resolver y conciliar, si bien parece haber motivos fundados por los que las expresiones culturales -encarnadas y transmitidas, en términos de la UNESCO, en las actividades, bienes y servicios culturales- precisan de una protección especial.

En esta idea encontramos el germen de la Convención para la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales de la UNESCO, la cual nacía el año 2005 con el objetivo de estrechar los vínculos que unen a la cultura con el desarrollo sostenible y fomentar el diálogo entre las culturas. De este modo nos encontramos entre los principios rectores de esta Convención, entre otros, con el “principio de complementariedad de los aspectos económicos y culturales del desarrollo”.

Interesante también para nuestra reflexión acerca del valor añadido de la cultura (el impuesto), es que la Unión Europea registrara su adhesión a esta Convención, lo que, por otra parte, no debería extrañarnos si el fomento de la divesidad cultural en la Unión Europea es uno de los presupuestos organizativos de esta institución (o debería serlo). Así, el artículo 167 del Tratado de Funcionamiento de la UE recoge, entre otros, el mandato de “respetar la diversidad cultural nacional y regional”, imponiendo de este modo un límite a la actividad cultural comunitaria. Es decir, que el campo de acción de la UE en materia cultural ha de entenderse sólo como un apoyo a las políticas nacionales, principio este de soberanía cultural de los estados miembro defendido también en el texto de la Convención para la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales, el cual afirma que “los Estados tienen el derecho soberano de adoptar medidas y políticas para proteger y promover la diversidad de las expresiones culturales en sus respectivos territorios

En el mismo artículo 167 del Tratado de Funcionamiento de la UE se subraya igualmente lo que se conoce como el “carácter transversal de la cultura” en relación con otras acciones comunitarias como sigue: “la Unión tendrá en cuenta los aspectos culturales en su actuación en virtud de otras disposiciones del presente Tratado, en particular a fin de respetar y fomentar la diversidad de sus culturas”.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, es lógico que los grupos de presión artístico-culturales alemanes encarnados en organizaciones como el consejo Deutscher KulturRAT (http://www.kulturrat.de) hayan levantado la voz hace meses en contra de la imposición de la UE (tras anuncio de sanción) de elimitar el IVA reducido que soportan las obras de arte en este país. Así el Deutscher KulturRAT ha manifestado en distintos comunicados el desacuerdo ante esta imposición al afirmar que la obligación de la UE de eliminar el IVA reducido a las obras de arte, uno de las principales columnas de sus medidas de promoción al arte y con una larga tradición en la política cultural de este país, atenta contra su ser de Kulturstaat (Estado de Cultura), y por ende, contra su soberanía.

¿Y España? ¿Acaso no es España también un Estado social, democrático y de cultura?

Sabemos que en España los galeristas llevaban años solicitando el IVA reducido para las obras de arte. Ahora, sin embargo, tendrán que luchar, junto con otros sectores artísticos, por impedir -o solicitar que se retire- la subida del IVA en los productos culturales del 8% 21% en el Estado español.

Así que, si queremos reflexionar y abrir el debate sobre esta cuestión, no sólo tenemos que mirar hacia nosotros mismos, hacia el Ministerio de Hacienda o hacia el Ministerio de Educación y Cultura. Tenemos también que poner nuestro punto de mira fuera, en Europa. Tenemos que apelar al “carácter transversal” de la cultura en la UE y poner en duda la política fiscal de la UE en lo referente al IVA de los productos culturales y artísticos, convencidos como estamos de la complementariedad necesaria y fructífica entre los aspectos económicos y los culturales.

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