Ni tiempo ni dinero

La ciudad de Murcia tiene un nuevo festival de música: WAM. We are Murcia. ¿Nuevo? Empiezo. La ciudad de Murcia le ha puesto un nombre nuevo a un festival de música popular que se realizaba en la capital de la Región de Murcia los primeros días del mes mayo desde hace 10 años: el SOS 4.8. El primer gran festival de la temporada de festivales nacionales, anunciaban.

wam-festival-murcia-2017

Escribo “la ciudad de Murcia” como si no conociera la organización de este festival, a saber, que el WAM es una iniciativa del Gobierno Regional de Murcia y que este va a patrocinar el festival con al menos, y según la prensa local, 135.000€. Patrocinar en cursiva; entiéndase subvencionar.

Quizá he escrito “ciudad de Murcia” confundida por la declaración de intenciones publicada en la nueva web del nuevo festival wammurcia.es – #WAM2017: “Somos música, somos cultura, somos ciudad… Somos Murcia”. Copio y pego un extracto de esta declaración que leo en la web:

“Vivir Murcia al 200% sólo es posible con la colaboración de toda la ciudad. Murcia y WAM Estrella de Levante se volcarán en ofrecer la experiencia más completa que hayas vivido en un festival urbano con sus rutas gastronómicas y de shopping, con lo mejor del comercio murciano y una guía online que pronto podrás consultar en esta misma web.”

Solo deteniéndome en la declaración “Somos Murcia” recuerdo: en la capital de la Región de Murcia vive (solo) el 39% de la población de la Región. Y os recuerdo que este festival está promovido por el gobierno de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia. E imagino el shopping que van a hacer los nuevos “wamers” (de los “sosers” del SOS a los “wamers” del WAM) en los malls de la ciudad a los que, por suerte, podrán ir en tranvía. Que se olviden de encontrar comercio tradicional en el centro urbano. Y ya que están en Murcia, ¡por Dios! que alguien utilice el fantasmagórico bus turístico de la ciudad.

De acuerdo: discrecionalidad política. De acuerdo: la jungla y complejidad del derecho administrativo. De acuerdo: no soy jurista y no puedo argumentar con rigor, y de esto me quejaba ya en otro post, por qué en teoría en derecho europeo esta subvención o ayuda pública del gobierno regional a este festival podría interpretarse en su sentido económico más estricto como una ayuda pública ilegal. Por cierto, y haciendo referencia a aquel post, lo que para mí era el mayor logro de este festival (coincidía con el puente de mayo, y el 2 de mayo de Madrid), se lo han cargado. ¿Tendrá algo que ver el Año Jubilar de Caravaca, me pregunto?

De acuerdo. Pero si yo ahora hubiera sido la Consejera de Cultura y hubiera tenido que tomar una decisión ante la cancelación del SOS por los problemas económicos que presentaba la anterior empresa organizadora del festival (Legal Music) y el tiempo que apremiaba, habría convocado sin dudarlo una rueda de prensa para contar lo que yo y mis compañeros de profesión sabemos: para hacer un buen trabajo es necesario tiempo. Mucho dinero o mucho tiempo. En este caso, we are murcia. No tenemos ni dinero, ni tiempo.

Libre. ¿Libre?

Ahora que ya no trabajo para la asociación cultural que organiza anualmente un festival anual en la Región de Murcia, ¿seré libre para expresar públicamente mis opiniones políticas, o mis críticas a la no-política cultural de mi región y de mi ciudad?

La libertad de expresión está reconocida como un derecho fundamental de la Constitución Española (art. 20 1.a)). Sí, ¿pero qué ocurre con la censura que nosotros mismos nos imponemos? Bueno, con la autocensura que yo misma me imponía. Porque yo pensaba todos estos años en los que trabajaba para una organización dependiente de financiación pública: Si trabajo para un festival que recibe ayudas públicas sin concurrencia competitiva (¡aunque fueran en especie!), o sin la firma de un convenio, ¿qué puede ocurrir si opino públicamente acerca de la no-política cultural del gobierno de mi región, o de mi ciudad?;  ¿Qué puede ocurrir si intento escribir públicamente acerca de la dificultad de encontrar patrocinadores para el festival para el que trabajo porque la administración pública busca también fondos privados, y con la visibilidad (y las relaciones) que ofrecen los representantes públicos es imposible competir?; ¿Qué puede ocurrir si analizo en mi blog la deriva mercantilista de la administración pública en materia de cultura, y, crítica siempre con las palabras, recuerdo que la administración pública no “patrocina” un evento cultural, sino que lo apoya, lo subvenciona, lo estimula, lo promociona o lo fomenta, a pesar de que en muchos casos sus exigencias o relaciones con los organismos que apoyan no es muy diferente al trato que los eventos culturales tenemos con las empresas privadas que sí nos patrocinan? Lo pensaba y, luego, me callaba.

Me siento a escribir esto cuando veo un cartel anunciando un evento gratuito “musical, cultural y de ocio” que se celebrará próximamente en una céntrica plaza de mi ciudad -y en el que no queda muy claro quién es el promotor- en el que se deduce una novedosa negociación de patrocinio. Uno de los escenarios se llama “escenario Maná”. El otro escenario se llamará “Escenario Ica”. Y yo me pregunto: ¿se refieren estos dos nombres a la discoteca Maná y al Instituto de las Industrias Culturales y de las Artes dependiente de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia?

Como tengo libertad de cátedra (art. 20.1 d) CE), cuando hablo en mis clases de patrocinio cultural puedo contarles a mis alumnos qué opino al respecto;  contarles, por ejemplo, por qué opino que existen líneas rojas en las políticas de ayudas públicas y/o en la comunicación de esas ayudas públicas.

3202951797_2_2_vpj5h4kw

Cambiando de tema. O no. Ayer un amigo recibió una multa de 600 euros de la policía por un comentario inofensivo que, según el policía que le multó, “le faltaba al respeto”. ¿En casos de abuso de la autoridad flagrantes -en opinión de los testigos- como este que me contaron ayer, ¿quién protege al ciudadano?

Anoche, en mis oraciones previas al sueño, pensé en Niklas Luhmann y en la Teoría de Sistemas. Me quedé dormida intentando escudriñar si puedo recurrir a las teorías de Luhmann para demostrar la relación entre la multa abusiva a mi amigo y la autocensura que llevo imponiéndome todos estos años.

Mientras ocurre todo esto, ando la mar de contenta de haber empezado a trabajar para una empresa que no depende de la administración pública. Será que con los años me estaré haciendo anarco-neoliberal.

Ayudas para la acción y promoción cultural

Hoy han sido publicadas las nuevas Ayudas para la acción y promoción cultural 2016 para entidades sin ánimo de lucro del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte gestionadas por la Dirección General de Políticas e Industrias Culturales y del Libro (DGPICL). Muy pronto imagino que saldrán las de innovación, que son las mismas pero dirigidas a asociaciones con ánimo de lucro. A partir de mañana y hasta el próximo 18 de febrero un gran número de gestores culturales en España se pondrán a preparar o rediseñar proyectos que pueden ser un buen complemento a sus proyectos globales o una buena “oportunidad de negocio”. Solo unos pocos, los mejores, conseguirán la ayuda… y el resto nunca sabremos por qué un mismo promotor (velado en distintas figuras jurídicas) ha conseguido ocho veces más financiación que otros proyectos; o qué tienen los proyectos ganadores, esa nueva plataforma digital, esa nueva app, ese nuevo encuentro de profesionales, que no tienen los proyectos perdedores que se presentaban con esa nueva plataforma digital, esa nueva app o ese nuevo encuentro de profesionales que no ha conseguido la ayuda. Quizá solo sea que los proyectos ganadores han sabido leer entre las líneas las no poco ambiciosas finalidades de esta línea de ayudas al ámbito del sector “cultural y creativo” que, desde mi punto de vista no hace más que añadir confusión y exigir demasiado al precario sector cultural y creativo español:

Las ayudas para la acción y la promoción cultural tienen por objeto el fomento y la producción de actividades que contribuyan a generar contenidos culturales y a la modernización y profesionalización del sector cultural español, cumpliendo alguna de las siguientes finalidades: a)  Ofrecer productos y servicios culturales, fomentando el uso de las nuevas tecnologías en la creación de contenidos culturales y en su difusión. b) Incrementar la capacidad para generar empleo potenciando la formación, profesionalización, integración y creación de redes dentro del sector cultural. c)  Estimular la participación del sector privado en la financiación de proyectos culturales y fomentar el mecenazgo cultural. d) Fomentar la internacionalización de la cultura española y su inclusión en redes europeas de oferta cultural, favorecer los vínculos entre las Comunidades Autónomas y potenciar España como destino turístico cultural.

Leyendo las finalidades de esta línea de ayudas siempre he tenido la sensación de que la DGPICL estuviera utilizando esta enumeración de finalidades que han de tener los proyectos culturales y creativos que va a subvencionar para defender su propios objetivos de política cultural: generar empleo, estimular el mecenazgo, potenciar el turismo cultural, la internacionalización, etc. Y esto me confunde y no me deja mucho margen para desarrollar en libertad un proyecto que “contribuya a generar contenidos culturales y a la modernización y profesionalización del sector”.

Como gestora cultural he presentado a lo largo de estos últimos años proyectos que han conseguido financiación y proyectos que no la han conseguido. Puedo decir que, además, conozco bastante bien este texto jurídico porque me he dedicado en alguna ocasión al análisis de su discurso, concretamente, al análisis del concepto de diversidad cultural en estas ayudas. Así lo hice, timorata e inexperta, en la comunicación que hice en el Seminario Internacional organizado por la Universidad Carlos III “El sector audiovisual en la era digital”. Que ya no mencionen la diversidad cultural en estas ayudas (el texto de las ayudas del año pasado ya no mencionaba la diversidad cultural) no sé si me tranquiliza (para no usarlo bien, que no lo usen) o me preocupa (el concepto de diversidad cultural, en la dimensión conceptual que introdujo la Convención para la protección y promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales de la Unesco de 2005, está estrechamente vinculado al concepto de industrias culturales).

Sea como sea, un año más el texto de las ayudas ha vuelto a decepcionarme. Quizá espero más de la Secretaría de Estado de Cultura; quizá espero la excelencia en la redacción de otros textos jurídicos dedicados a la cultura emitidos por el Ministerio que no encuentro en estas ayudas. Pero no solo me decepcionan estas ayudas conceptualmente; también lo hacen administrativamente. ¿Por qué no hay expertos profesionales del sector de las industrias culturales en la comisión de valoración, me pregunto, como sí ocurre en las ayudas del INAEM o del ICAA, atendiendo al derecho a la participación en la vida cultural del ciudadano?  El único un experto que hay en la comisión de valoración (como vocal) es un experto en Gestión Pública de Promoción de Industrias Culturales.

Sea como sea, imagino que este año volveré a probar suerte y ya he empezado a desarrollar un proyecto susceptible de recibir esta ayudas.

Confusión y lenguaje

Leo en la comunicación del proyecto de presupuestos 2016 de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia recientemente publicada en la página web de la Carm y literalmente reproducido por nuestros medios de comunicación regionales:

“El presupuesto destinado a Cultura está dirigido a proporcionar una estructura regional de la industria cultural que sea sostenible y cuente con un plan de gestión eficiente de los recursos culturales, cambiando la política de la subvención por la de inversión. Para ello, se incluyen exenciones fiscales en el impuesto de sucesiones y donaciones y en el IRPF de donativos con fines culturales y deportivos y se crea un bono cultural para ayuda en la compra de entradas a espectáculos culturales”.

Debería esperarme a sacar conclusiones de esta breve presentación de los presupuestos destinados a Cultura a consultar las partidas presupuestarias efectivas destinadas a Cultura para el próximo año, que no serán solo las destinadas a las industrias culturales murcianas, sino también las destinadas a Museos y Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas, espacios escénicos de titularidad autonómica que precisan apoyo público para su mantenimiento y que no son industria cultural, etcétera, para comentar este párrafo-resumen publicado recientemente por la Carm. Pero las palabras son importantes y la confusión en la política cultural regional y nacional imperante. Por ello, reflexiono con vosotros:

-Industria cultural: ¿Entiendo que definitivamente la Comunidad ha confundido ya sus propias dependencias y organizaciones con “industria cultural”? Recordemos aquí que ya el anterior gobierno creó el Instituto de las Industrias Culturales y de las Artes (¿industrias de las artes o instituto de las artes), y que son competencias de este instituto, entre otras, la gestión de la Filmoteca Regional de Murcia y del Centro Párraga. Por si hubiera algún género de duda en mi discurso: ni la Filmoteca Regional ni el Centro Párraga son industrias culturales.

De este modo, entendiendo por industrias culturales aquellas empresas creadas libremente en el marco de la economía de mercado (art. 38 CE) que producen libremente productos culturales (art. 20.1b CE)  susceptibles de ser comercializados y, que por tanto, conviven igualmente con las dinámicas propias del sector cultural y con las dinámicas propias del mercado, este párrafo que comentamos precisaría de una revisión terminológica.

-Política de la inversión. Ciertamente puede ser un buen recurso defender los presupuestos públicos a la cultura como una inversión de futuro. Pero no olvidemos la lógica empresarial que posee la palabra inversión: ingresos, ahorro, finanzas y capital.

Es posible que el gobierno regional se esté refiriendo en este texto a la política de fomento de la inversión privada en el sector de las industrias culturales con capital. Pero no. Yo creo que están hablando del fomento al mecenazgo, algo bien distinto a la inversión de capital a las industrias culturales. Fomento al mecenazgo cultural, que es lo que es la “exención” fiscal en el impuesto del IRPF de donaciones anunciada por el gobierno regional, adicional a la deducción del 70% (hasta 150€) o del 30% (resto) de mis donaciones a fundaciones y asociaciones de utilidad pública culturales establecida en la Ley 49/2002 de régimen fiscal de las entidades sin fines lucrativos y de los incentivos fiscales al mecenazgo y su desarrollo normativo.

-El bono cultural.  Qué interesante va a ser ver cómo aplicarán esta idea del bono cultural. ¿Tendré que enseñar mi declaración de la renta para que me lo concedan? ¡Si Bourdieu levantara la cabeza! Pero mejor esperar a ver cómo desarrollarán el bono cultural para opinar.

Palabras y discurso

“Si nos acostumbramos a ser inconformistas con las palabras, acabaremos siendo inconformistas con los hechos”.

Emilio Lledó

Hace un año participé con una comunicación en el congreso “El sector audiovisual en la era digital: políticas y estrategias para la diversidad” organizado por la Universidad Carlos III. Mi comunicación, claramente influenciada por mi formación filológica y mi acercamiento al derecho de la cultura desde una perspectiva interdisciplinar, analizaba, desde la perspectiva del análisis crítico del discurso, el término diversidad cultural en los textos jurídico-administrativos dedicados al sector de las industrias culturales en España. Resumen: en política cultural, como en medios, el “corta y pega” se ha convertido en recurso. En el caso que analizaba, el “corta y pega” de textos jurídicos europeos resultaba casi impúdico ; aunque también puede hacerse una interpretación más benévola y hablar de intertextualidad…

Es decir, y parafraseando a Emilio Lledó, mi intención era hacer un análisis inconformista del uso de las palabras en los textos jurídicos, como paso previo al análisis inconformista de los hechos. En efecto habíamos de serlo en el caso del fomento de la diversidad cultural en España, con salvadas excepciones en el sector audiovisual. Y hemos de seguir siéndolo con otros muchos términos que tanta confusión están provocando en un sector de la cultura cada vez más complejo con la llegada de la revolución digital y tecnológica. Mecenazgo, transparencia o participación son algunos de ellos. Y a la cabeza de todos ellos: “industrias culturales”.

En defensa de todos los creadores, artistas y trabajadores del sector de la cultura, seamos inconformistas cuando en la opinión pública (medios y políticos) se confunden industrias culturales por sector cultural. Sí, es una parte del todo, pero no el todo. Aquí no sirven figuras retóricas.

Y busquemos datos que refrenden este inconformismo. Yo ya lo estoy haciendo.

¡Me Duele Murcia! (2)

La ciudad de Murcia creó a principios de año un nuevo logo y eslogan: “Mu&cia. Una ciudad para compartir”.

muciatitulo

Para ser precisos, este nuevo logo fue creado por la la extinta Concejalía de Turismo, inserta en la nueva corporación municipal en la Concejalía de Empleo, Turismo y Cultura en junio de 2015. El análisis de esta tríada, y el discurso (político) que se puede deducir de esta innovadora combinación empleo-turismo-cultura, merece una entrada aparte en este blog.

Mi mirada es selectiva, la mirada es siempre selectiva, y hasta ahora he visto el logo en muy pocos lugares, entre otros, estampado en los tractores que empujaban las carrozas (23) de los sardineros en el Entierro de la Sardina de este año de la recuperación económica, en la página web corporativa de la que fue la Concejalía de Turismo, o impreso en las papeleras jalonadas a lo largo de la Gran Vía, la calle que trajo el pogreso a la ciudad a mediados de los años treinta del siglo pasado.

Sea como sea, cada vez que veo este logo en las papeleras de la Gran Vía, y las veo con frecuencia, pienso una vez más, y parafraseando de nuevo a Unamuno: ¡me duele Murcia!

No cabe duda de que desde el punto de vista lingüístico podríamos concluir que el significado en español del signo & (procedente de la conjunción latina “et”, que significa “y”) es incorrecto, toda vez que la conjunción y ya es suficientemente breve como para tener que recurrir al signo &. Es decir, “Mu et cia” no significa nada en español.

Entonces, ¿el signo & en “Mu&cia” está haciendo referencia a la abreviatura «and» inglesa? Estoy confundida y Murcia me duele.

Es cierto que a la publicidad se le permiten determinadas licencias lingüísticas y que por ello “&” podría entenderse como un guiño a los turistas extranjeros que vienen a Murcia a disfrutar de las bondades de los 45º de temperatura diurnos de este verano. Turistas extranjeros que han podido contemplar esta ciudad “de cálido clima” desde el fantasmagórico autobús turístico “Murcia Citybus” que recientemente ha empezado a circular por la ciudad. Pero toda licencia publicitaria tiene un límite.

La sencillez en publicidad es cara. La calidad también. Y aunque el logo de la extinta Concejalía de Turismo debió de ser contratado a un experto y reputado diseñador que creó un nuevo logo para la ciudad que connotaba “un lugar para compartir nuestra mesa (gastronomía), nuestra diversión (ocio-compras), nuestro arte (cultura), nuestra alegría (fiestas), nuestro ritmo (festivales), nuestra vanguardia (congresos)…” (así en www.turismodemurcia.es), este logo “Mu&cia” representa sin embargo para mí la imagen de una ciudad cada vez más orientada al consumo -véase el desarrollo urbanístico de los últimos años hacia el norte de la ciudad y sus centros comerciales-, con dificultades para reconocer su propia identidad cultural y protegerla de un modo coherente -véase la nueva organización administrativa de la corporación municipal y la creación de la Concejalía de Urbanismo, Medio ambiente y Huerta, o continúe usted leyendo lo que connota del logo Mu&cia en www.turismodemurcia.es-, con un invertebrado proyecto de ciudad y una gestión pública poco profesionalizada y demasiado personalizada. Ejemplos de esto último, que cada cual añada el que le ofrezca su propia experiencia.

Si entonces hubiera sido consejera…

No cabe duda: uno de los grandes logros del anterior consejero de Cultura y Turismo de la Comunidad Autónoma de Murcia, Pedro Alberto Cruz, insigne intelectual murciano y escritor de aforismos reconocido por la prensa local, fue elegir la fecha del SOS 4.8 el primer fin de semana de mayo, aprovechando el puente de mayo. Esto haría que, en muchas ocasiones, el festival de música, arte y cultura SOS 4.8 coincidiera con el 1 de mayo, Día del Trabajador, como ocurre este año, y atraería a mucha más gente al festival.

De este modo el SOS se ha convertido en un gran logro turístico para la ciudad de Murcia, el primer festival de la temporada cuyas entradas cuestan aproximadamente un 50% más baratas que el resto de festivales de su categoría -gran estrategia de marketing, no cabe duda-, contribuyendo indirectamente a la economía local pero, sobre todo, contribuyendo a limpiar la imagen nacional de Murcia. Ya era hora de que en España nos dejaran de asociar con el lema  “Murcia qué hermosa eres” -qué gran ejemplo este del poder de los medios de comunicación- y nos empezaran a asociar con la imagen de una ciudad sostenible, moderna y culta, que es lo que somos.

Por eso hoy, en la manifestación del Día del Trabajador, marchando por ese otro gran logro del progreso de la ciudad de Murcia que es la Gran Vía, he pensado: vaya, si yo hubiera sido consejera de cultura entonces, nunca habría tenido esa fantástica idea. Entonces, y como consejera de cultura y turismo, cuando me hubieran propuesto esa fecha, el primer fin de semana del mes de mayo, habría contestado sin reservas, a pesar de que nunca fui activista social: esa fecha es imposible porque podría coincidir con el 1 de mayo, el día del trabajador y ese día no se trabaja. Como he podido comprobar hoy paseando por Murcia, no tengo visión de futuro alguna.

Que el 1 de mayo sí se trabaja me lo dice el obrero que está reparando la terraza que hay junto a mi casa hoy. Me asomo a la ventana, está cantando a Pablo Alborán, qué buen humor, pienso, lo estoy observando por la galería y me ve. ¿Qué hacéis trabajando?, le digo, ¡si hoy es el día del trabajador! ¡Hoy hay que ir a manifestarse! Claro, me contesta, hoy es el día del trabajador que no quiere quedarse en paro. Pero esto es otra historia.

He decidido no ir al SOS este fin de semana porque me dispersaría con la fantasía de otra vida en la que soy una jurista experta en derecho europeo que puede defender con sólidos argumentos por qué en mi opinión la subvención que la Comunidad Autónoma le da al SOS anualmente (este año, de 300.000€), bueno, la subvención que la CAM le da a la empresa catalana Legal Music, es una ayuda de estado que falsea la competencia. ¡Con esas fantasías uno no puede pasárselo bien en un festival de música donde todo el mundo se divierte! Como no soy jurista y esto es una fantasía puedo incurrir en errores jurídicos. O fantaseando que yo también soy una insigne intelectual y entiendo, como nadie es capaz de entender, el gran simulacro que supone la actividad paralela del festival titulada “el lado oscuro de la fiesta” en un festival con unos claroscuros como este. Claro, que Baudrillard esto lo explicaría mucho mejor.